Los secretos del tubo de bambú

Los secretos del tubo de bambú

 

El 3 de febrero de 1504

Hoy he inventado un aparato para siegar la hierba y lo he nombrado a mi nombre. La cortacésped “Leonardo” es un pequeño cajón de madera sobre ruedas. En el cajón se ponen tres conejos muertos de hambre, tal que solamente el morro se les da de unos agujeros especiales que están en el fondo del cajón.

Presionados por el hambre, los conejos se tiran por la hierba fresca, mientras el dueño de la pradera solo empuja el cajón adelante y atrás. Es genial. Solamente de vez en cuando se tienen que cambiar los conejos, para que no se les reventen las barrigas de tanto comer.

He calculado que nueve conejos serán absolutamente suficientes para la siega de una decárea de hierba medio crecida.

 

El 14 de febrero de 1504

Hoy he trabajado casi 13 horas y he llegado a mi casa hecho polvo. Mi novia Claudia ha preparado pollo con arroz, y vestida en una ropa sexual me dice: Hoy es Día de San Valentín. Me había olvidado completamente de ello, pero hemos tenido que celebrarlo. He comido rápido y Claudia me ha llevado al dormitorio.

Ahí había velas encendidas, palitos aromáticos: toda una erótica rural.

Pero mi pene se ha comportado absolutamente irrespetuoso ante la celebración y se ha negado a levantarse a pesar de los esfuerzos de Claudia. He tenido que escaparme de alguna manera de la situación. Esto ha sido una provocación ante mi mente creativa. He arrancado un tubo de caña de bambú de una silla y la he sumergido con cuidado en la flor de la pasión de Claudia. Ella ha empezado a gemir, le gustaba. Empecé a girar el tubo y en unos cuantos minutos el cuerpo de Claudia se estremeció de un orgasmo bendito. El tubo de caña de bambú de Leonardo la hizo felíz.

 

El 17 de febrero de 1504

Hoy no tengo trabajo y me he encargado con el perfeccionamiento del tubito de amor. Mi idea es diseñarlo de tal manera que se impulse solo sin la necesidad de una mano que lo maneje.

He cojido una abeja y la he encerrado dentro del tubo de caña de bambú. Luego he tapado los dos cabos del tubo con tapones de corcho y lo he sacudido. La abeja ha quedado presa del pánico y ha empezado a zumbar por dentro, lo cual ha provocado un leve temblor del tubo. Esto es lo que necesito. Pero dentro de poco la abeja se ha calmado y ha dejado de zumbar. Había que sacudir el tubo otra vez. Tenía que resolver ese problema.

 

El 18 de febrero de 1504

Lo he inventado. He encerrado dos abejas hostiles en el tubo. En seguida han empezado a pelearse y han asegurado una vibración permanente del tubo a lo largo de 20-25 minutos (suficiente tiempo para hacer cualquier mujer feliz). El único riesgo está en el que los tapones de corcho puedan destaparse lo cual desataría unas picaduras que me pueden traer unas reclamaciónes ferozes.

 

El 15 de abril de 1504

Mi viejo amigo de la mili Francesco di Bartolomeo del Giocondo me pidió que dibujara un retrato de su mujer Mona Lisa. No sé de dónde se le ha ocurrido la idea de un retrato. Supongo que le está buscando una tarea para no mirar su cara de gilipollas todo el día en casa. Mona Lisa es una típica cascarrabias florentina. Siempre es agria y hosca. Sentada en la silla me mira con hostilidad como si yo fuera alguien quien le hubiese envenenado sus peces de acuario.

He intentado tantas cosas para alegrarla. Le cuento chistes, le hago caras ridículas y ella me mira con esta cara completamente estúpida de una mujer casada por dinero.

Así no saldrá ningún retrato. Hoy ha venido, se ha sentado en la silla y otra vez ha empezado a mirarme con esa mirada sombría y entonces he decidido a provocarla. He cogido el tubo de bambú, he ido a la colmena y he atrapado las abejas más malditas. Las he empujado dentro, he tapado el tubo y se lo he llevado a Lisa.

-Tengo un regalo para Usted, Señora. Es una joya egipcia antigua.

Se llama el Cetro de Kleopatra. Únicamente las reinas se han aprovechado de este objeto sagrado. La traerá una benevolencia indescriptible.

-¿Cómo funciona?

-Tiene que ponerlo en el lugar en donde acceso tiene solo su esposo.

-¿En su caja fuerte?

Ésta sí que es muy estúpida.

-Ja-ja. No, Señora, no en su caja fuerte. Póngalo en la rosa florecida de sus deseos.

-¿En el jardín? Ahí tenemos muchas rosas. ¿En la cuál exactamente?

¡Joder, qué oca más perdida! ¿Cómo se lo explico?

– Póngaselo en el paso entre sus piernas, que dota de amor y pasión.

– ¿Me lo pongo en mi coño?

– Sí, ¡joder!

– Dímelo así, Leo. ¿Por qué me estás hablando de rosas y aperturas?

Y tal como estaba sentada en la silla, Mona Lisa remangó su falda, bajó sus bragas y empujó rapido el tubo de bambú en la espesura oscura de su naturaleza mujeril.

-¿Y ahora que hago?

– Nada. Quédese así mientras yo la pinte.

Mona Lisa volvió su expresión sosa como la de un contable harto de la vida, y yo cojí el pincel. Dentro de unos cuantos minutos en su cara apareció una sonrisa misteriosa difícil de percibir. Supongo que esto fue la expresion más extrema que le había pasado. Me eché a pintar para precintar este gran momento, pero dentro de poco su sonrisa oscureció.

– Ha dejado de zumbar. ¿Ahora qué hago?

– Sáquelo y sacúdalo.

Sin ninguna vergüenza ella de nuevo abrió sus piernas ante mí y sacó el tubo. Lo sacudió pero no había efecto. Las abejas estaban muertas.

– ¡Que buen aparato tiene, Leo! Me ha gustado. Pero es demasiado fino. ¿No tiene algo más grueso?

-Podría hacer uno.

– Y después enróllelo con intestino de cerdo. El roce de la madera es un poco portentoso al principio.

 

El 2 de mayo de 1504

Hoy he roto un espejo. He oído que el espejo roto lleva desgracia pero yo no soy supersticioso y he decidido utilizar de alguna manera los trozos. He cojido una vejiga de cerdo y lo he pegado todo con los trozos del espejo. He salido al patio y he rodado la bola de espejos. El rayo del sol se encontró sobre la bola que se estaba rodando y empezó a tirar conejos solares por todas partes. Lo había estado rodando alrededor de 30 minutos y de repente me puse triste. En vez de ocuparme de hacer grandes asuntos, yo estoy pegando trozos rotos de espejo sobre una vejiga. ¿Es esta la verdadera vocación del genio? Tiré la vejiga espejosa en el jardín y me puse a llorar.

 

El 30 de noviembre de 1504

Me da vergüenza confesarlo pero en mi tiempo libre coso gobelinos. Sé que es una tarea de maricones pero de esta manera me tranquilizo los nervios. Ahora he decidido hacer La Cena Secreta. Un tema dificil, con hilos de colores diversos, las técnicas varian de punto festón, por “espiga” hasta “detras de la aguja”. Esta iniciativa es absolutamente no comercial. Simplemente me da pereza pintar las paredes sucias en mi casa, prefiero taparlas con gobelinos.

 

El 7 de enero de 1505

He aprendido a coger puntos. Las pantimedias en Florencia son caras aunque de poca calidad. Cualquier pedo poderoso puede fácilmente rasgarlos. Y después de poner un anuncio en mi estudio “Cojo puntos” estoy amontonado de pedidos. Todas las mujeres nobles acuden a mis servicios. Este trabajo me excita. Todas las pantimedias exhale el aroma de su propietaria. Cada clienta me deja no simplemente parte de su ropa interior pero también deja parte de sus secretos. Es fantástico.

Luisa tiene un punto justamente entre las piernas. Se enrojece cuando me trae su panty y me cuenta que durante una cena prometedora, pero sin éxito con Don Antonio, ella excitada había pasado sus dedos entre las piernas y con sus largas uñas había desgarrado la piel delicada del panty. Siento cómo de un cazador de puntos me convierto en un cazador de historias.

 

El 15 de enero de 1505

Mona Lisa sigue posando para mí y ya cada día exige su tubo. Incluso una vez me preguntó si podía comprarlo. Le dije que el tubo no se vende pero que si sonríe mientras yo la pinto, se lo voy a regalar al terminar el retrato. En aquel momento en su cara apareció una verdadera felicidad. ¡Qué poca cosa necesitan las mujeres!

 

El 19 de enero de 1505

Hoy me ha visitado Antonio: compañero de clase de la escuela secundaria en Vinci. Llevábamos muchos años sin vernos, nos hemos sentado en el jardín, hemos bebido vino, nos hemos contado recuerdos. Antonio no fue buen alumno pero ahora se había hecho un DJ, había abierto su propia discoteca y estaba ganando buen dinero.

Mientras estábamos tomando una copa, hablando de las novias que ligaábamos en aquellos tiempos, Antonio empezó a ponerse nervioso y agitarse las manos ante su cara como si le hubiera picado una abeja. Resultó que el sol se reflejaba en mi vejiga espejosa y hacia manchas luminosas sobre la cara de Antonio. Le conté la historia del espejo y él me preguntó de repente si le podía vender la vejiga. Pensé que eso era una broma. ¿Para qué querría aquella chuchería? Entonces me dijo que la iba a poner en el techo de la discoteca e iluminarla y así la vejiga daría vueltas y reflejaría manchas luminosas sobre las caras de los bailadores. Estaba seguro de que iba a ser muy divertido.

Yo no veía nada divertido en la idea pero Antonio dijo que en la discoteca ante todo iba gente joven borracha que se alegraba de cualquier objeto siempre que sea completamente inútil.

Le regalé la vejiga. No puedo aceptar dinero por algo que no tiene ninguna utilidad practica.

 

El 24 de enero de 1505

Terminé el retrato de Mona Lisa. Francesco di Bartolomeo del Giocondo vino a mi taller a recogerlo y me pagó tres veces más de lo que habíamos acordado. -Leo- me dijo él- tú has hecho una proeza. No simplemente has pintado a mi mujer sino que la has hecho sonreír.

No le conté nada de lo del tubo. Lo dejé con la idea de que todo se debe a mi talento artístico.

 

El 3 de febrero de 1505

Aparentemente Mona Lisa se había jactado ante sus amigas con el tubo de bambú. Constantemente me están llamando mujeres de toda Florencia para hacerme pedidos. Algunas incluso piden dos. No sé dónde voy a encontrar tantas abejas. Mi móvil se calentó de llamadas y en un momento se quedó bloqueado así que tuve que ir al Firenzefon a que me den el código PUK.

Me lo dieron. El código de Da Vinci es cuatro ceros.

 

El 18 de abril de 1505

El gobelino La Cena Secreta está listo. Pues, no es de mis mejores gobelinos. Falta el color brillante que había conseguido en Búfalos tristes al amanecer, falta el juego misterioso de los claroscuros, con el que me hice famoso en Cigüeñas cojas entre los tallos de maíz pero éste tampoco está mal. Lo pusé en la cocina porque de todas formas su tema es culinario, ¿no?

 

El 7 de julio de 1505

Todo el día mi hámster está saltando como loco. ¿De dónde saca esa energía? ¿Qué milagro es ese?. Tengo que aprovecharme de ella de alguna manera. Le hize una rueda y la enganché en la pared izquierda del cajón. El hámster entró solo en ella y empezó a girarla velozmente. Pasó horas girándola a toda velocidad. Monté en el otro extremo del eje una hélice y he obtenido un ventilador estupendo que me refresca en el calor de las tardes florentinas.

 

El 8 de julio de 1505

Hoy la rata ha girado la rueda durante 4 horas sin parar. Por poco me iba a resfriar del ventilador. Quité la hélice y en su lugar puse un cepillo redondo para limpiar zapatos. Me gusta mucho esta máquina. Solamente pones tu zapato bajo el cepillo y éste te lo limpia con brillo. Luego me cansé de este juego, quité el cepillo y puse un batidor varillas para batir huevos. En menos de un minuto corriendo por la rueda, el hámster convirtió los huevos en una espuma perfectamente montada.

Estoy muy entusiasmado con mi nuevo invento. Soy orgulloso de que he dominado la energía del hámster pacífico y la he puesto en servicio de la humanidad.

Me fui corriendo hacia la tienda zoológica y compré otros dos hámsteres. Hice dos ruedas en el cajón y ahora por un lado tengo el ventilador, por otro lado está el cepillo limpiazapatos y por tercer lado está la batidora de huevos. También he inventado un nombre para el cajón: aparáto hamsteroso polifuncionario de uso universal, en breve “polihamurunpril”. Suena como un medicamento contra paperas pero los aparatos complejos deben tener nombres complejos.

 

El 15 de julio de 1505

Los problemas más desagradables con los que tropiezo en mi vida cotidiana es el momento en que entro en el baño apurado por una necesidad y justamente cuando me pongo de cuclillas y suspiro de gusto, miro a mi izquierda y veo que en el clavo no se ha quedado ningun trozo de periódico.

En general este sistema con los periódicos es bastante imperfecto. Por un lado, por más que los machaques, permanecen duros, y por otro lado muchas veces dejan manchas desagradables de tinta de imprenta en el culo. Y el clavo al que están colgados es oxidado y por un descuido te puedes pinchar, contagiarte con tétanos e irte de este mundo por la simple necesidad de cagar.

Por esto he desarrollado un dispositivo, construido por nuestro bien conocido tubo de bambú.

Cojí el tubo de bambú largo 15 centímetros y puse en él un alambre y sujeté los dos extremos del alambre hacia la pared del baño. Luego troceé el periódico en lazos con anchura de 15 centímetros, los uní y los enrollé alrededor del tubo hasta obtener un gordo rollo de papel.

Cuando uno termine con sus necesidades solo tiene que tirar el cabo del rollo y el papel se desenvuelve con facilidad del tubo y está listo para entrar en uso. ¡Así de fácil y genial!

 

El 11 de agosto de 1505

Antonio me invitó a su discoteca. No había ido a discotecas desde el tiempo de la escuela. Me gustó. Había chicas guapas, borrachas, generosas. En el techo estaba colgada mi vejiga rodando y Antonio la iluminaba con una linterna eléctrica. Las chicas chillaban de gusto. ¡Qué chuchería más estúpida y qué efecto espectacular ha provocado! Empiezo a pensar que la estupidez es el camino más corto hacia el corazón de las mujeres guapas. Empieza a hablarles de estrellas, poesía y filosofía y recibirás en cambio solo bostezos aburridos. Pero cuando les enseñas una vejiga de cerdo, pegada con trozos de espejo roto, sus ojitos guapos empiezan a brillar de excitación feliz.

Las emociones se calentaron completamente cuando Antonio anunció por el micrófono: “Amigos esta noche es especial porque entre nosotros esta el inventor del disco globo: mi querido amigo Leonardo Da Vinci. La siguiente canción es un gran saludo para Don Leonardo El Guapete, el especialista de todas las mujeres!” Y me iluminó con la linterna. Por poco hundarme de vergüenza. Pero no tuve tiempo para consumir mi vergüenza porque en el siguiente momento se pegaron a mí dos chicas estupendas que empezaron a rozar sus tetas y culos en mi cuerpo como si yo fuera una barra para estriptis. En sus ojos se podía leer una gratitud profunda y entusiasmo que yo había inventado un gran aparato como la vejiga de cerdo franqueada con espejitos.  

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